El Amante Japonés de Isabel Allende, una deliciosa novela del amor paciente, el que espera para expresar matices eróticos, fraternos, comprensivos, cómplices. Su autora hila una historia que transcurre entre los años 30 y la primera década del siglo XXI, en el ambiente de la gran depresión económica de los EEUU y los campos de […]

El Amante Japonés de Isabel Allende, una deliciosa novela del amor paciente, el que espera para expresar matices eróticos, fraternos, comprensivos, cómplices. Su autora hila una historia que transcurre entre los años 30 y la primera década del siglo XXI, en el ambiente de la gran depresión económica de los EEUU y los campos de concentración para japoneses.

Una serie de personajes coherentes, bien construidos, que se hacen transparentes al lector desde lo que dicen, hacen y otros refieren de ellos. Y como Isabel Allende, lo ha dicho de su escritura, El Amante Japonés es una historia que genera un lugar, una época y unos personajes que encajan perfectamente en una historia rica de leer.

Esta es una novela que narra la vejez: “la verdad es que cuanto más vieja soy, más me gustan mis defectos. La vejez es el mejor momento para ser y hacer lo que a uno le place. Pronto no me va a soportar nadie”, dice Alma en sus conversaciones marcadas por los recuerdos, mientras se instala en Lark House, la casa de la tercera edad en la vive su último tránsito por la vida, dejando atrás lujos, posesiones y privilegios económicos.

Una historia con mucho tiempo hacia atrás, pero poco hacia adelante, “…le dijo que la tarea más importante en la vida era limpiar los propios actos, comprometerse totalmente con la realidad, poner toda la energía en el presente y hacerlo ahora, inmediatamente”.

Una lectura recomendada por Ratón de Biblioteca.

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